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Mi primer Misogi
La bitácora del desafío.

“Las cosas que queremos son transformadoras, y no sabemos —o solo creemos saber— qué hay al otro lado de esa transformación. Amor, sabiduría, gracia, inspiración: ¿cómo se encuentra uno con estas cosas que, en cierto modo, consisten en extender los límites del yo hacia territorio desconocido, en convertirse en alguien distinto?”
Leí ese párrafo el viernes, acostado en un colchón en el piso del Airbnb estilo japonés que había reservado. Un amigo muy cercano me recomendó leer ese ensayo. Está enseñando un curso de “Pensamiento Crítico” en la Católica de Temuco y es lo primero que hace leer a sus alumnos. Me calzó perfecto.
El sábado corrí la Spartan Beast, 21 kilómetros de trail running y 30 obstáculos. Algo que hace unos años consideré imposible, antes de confiar en el concepto de transformación.
Antes de hablar de la carrera, volvamos un poco al inicio del desafío.
Jesse Itzler
Tengo un grupo de podcasts que me sirven de constante inspiración y me muestran caminos nuevos. Uno de esos es My First Million. Me gusta porque son motivados, exitosos y felices. Entrevistaron a fines de 2024 a Jesse Itzler, el billonario más feliz que conocían. Itzler emprendió en el mundo de los aviones privados con Marquis Jet, la rompió y le vendió la empresa a Warren Buffett.
Además de forrado, Itzler es muy choro. Me llamaron la atención dos cosas cuando investigué un poco de él. Primero, el gran producto que vende en su página web es su “Big Ass Calendar”. Tal como suena, un calendario gigante. Puedes ver todo tu año en vez de solo una semana, y te permite ser más proactivo con tu tiempo.
Lo segundo es el concepto del Misogi. Una tradición japonesa de hacer un desafío tan difícil que tienes un 50% de probabilidades de fallar. Jesse invita a ponerlo en el calendario, y que este desafío sea lo que define el año. Así, cuando mires hacia atrás, cada año estará amarrado a un desafío que ojalá te haya transformado para mejor.
Mi Misogi
El Misogi que elegí para el 2025 fue correr las 3 Spartan Race: Sprint, Super y Beast. Había corrido una en 2018 y la terminé apenas. Acalambrado mal, sin ser capaz de subir la cuerda y derrotado. No podía creer que gente corría más de 5 kilómetros de esa tortura.

y eso que me consideraba deportista
Mi plan de entrenamiento fue extremadamente simple y funcionó. Descargué una App que me habían recomendado (Ladder), y la usé. Quizás no es la mejor App del mundo (aunque la encuentro extraordinaria), pero quitó de mi cabeza el peso de decidir qué entrenar. Me ponía ropa deportiva, abría la app y hacía el entrenamiento del día.

El plan:+100 entrenamientos, tenis, trote y una barra para colgarme
Spartan Sprint - Austin
Para esta carrera tenía cero presión, sabía que podía correr 5 kilómetros y hacer los 20 obstáculos. De hecho, fue una excusa para irnos de paseo con la Isi. Austin es una ciudad de moda acá, y ahora entendí por qué. Les conté en su momento en este mismo newsletter, pero si planean visitar Texas, Austin vale completamente la pena.
Corrimos con calma. Mi cerebro híper-competivivo sufrió al principio cuando nos pasaban por el lado, pero me recordaba que lo importante era disfrutar y terminar, en ese orden.
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Apenas terminó la carrera, llegó una alerta de huracán y tuvimos que escapar con una lluvia torrencial, embarrados y asustados. Al final safamos, muertos de la risa después del susto y listos para volver a la vida normal. Uno de los mejores fines de semana del año, misión cumplida.
Spartan Super - San Antonio
Para la segunda carrera estaba en mi mejor forma física del año. No le fallé a Ladder y estuve un mes colgándome todos los días de una barra en mi escritorio. Mi fuerza de agarre estaba por las nubes.
Pero me enfermé, mal. Estuve una semana con fiebre, escalofríos, tos, tortícolis, todo. Lo vi como parte de la carrera, nunca pensé en cancelar. Esta vez no hubo turismo, compré un pasaje Baton Rouge-San Antonio, arrendé un auto y una pieza en Airbnb.
El día de la carrera llegó en mi etapa final del resfriado, las secreciones. Para no ser tan explícito, dejé mi adn en prácticamente toda la pista. No estaba al 100%, pero el entrenamiento se notó. Obstáculos que antes me intimidaban ahora los pasé volando.
Con cada nueva carrera se agregan 5 obstáculos que no existen en los niveles anteriores. Para la Super había uno que le tenía mucho respeto: el Twister.

Las manillas de las que te sujetas se van moviendo, lo que hace difícil mantener el centro de equilibrio. Vi videos en internet de cómo pasarlo. De frente, de lado, de espaldas. En teoría de lado era lo más “seguro”, pero la teoría difiere de la práctica. En la mitad del Twister, raja, decidí cambiar de estrategia. En vez de avanzar de lado lo haría de espaldas. Avancé un par y mi mano no encontró el siguiente. Quedé colgando de una mano, girando sobre mi eje. Mi cerebro pensó “cagué”. De la nada, un gringo me grita “COME ON, YOU GOT THIS”. Su voz sonó tan segura que no le pude fallar. Dejé de pensar en el suelo y pensé en el siguiente agarre. Llegué al final y le di las gracias a mi nuevo amigo. A veces solo necesitamos una pequeña voz positiva, nada más.
Llegué a la meta acalambrado. Mis brazos estaban bien, pero mis piernas no. La siguiente carrera sería el DOBLE de trote, hora de cambiar el plan de entrenamiento. Aún así, cuando vi los resultados me sorprendí. La rompí, quedé en el percentil 13. Por si no sabían, 13 es mi número de la suerte.
Fallé solo en un obstáculo. Si han corrido la Spartan saben cuál es. La maldita jabalina. Es simple, lanzas una jabalina y se tiene que enterrar en un fardo a unos 10 metros de distancia. El truco es que solo tienes 1 oportunidad. Si fallas, 30 burpees. Burpees para mí.
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Mentí, si hubo un poco de turismo. Después de la carrera tuve un par de horitas y fui a un lugar que me recomendaron en San Antonio: The Pearl. Es estilo centro comercial pero cool, como el MUT. Recomendado si andan en la zona.
Spartan Beast - Houston
A lo que vinimos, la carrera que más fresca tengo en la memoria. En parte escribo esto para leerlo en un par de años más y recordar los detalles.
En teoría debería haber corrido a fines del año pasado. El Misogi era del 2025, pero la fecha de la carrera coincidió con un evento de fin de año que no me quise perder. Siendo fiel a las reglas, fallé mi Misogi. Pero siendo laxo con las reglas, corrí las 3 carreras en menos de 365 días, en mi cabeza cuenta.
Llegué menos preparado. En enero me inscribí para correr 21k, y troté como nunca en mi vida. Prácticamente todos los días entrené o salí a correr.
La semana de esa carrera me fui a hacer tests de sangre rutinarios. Me fue mal, tenía una “lesión aguda de riñón”. Escribí sobre eso acá. Cuento corto, el sobre-entrenamiento y la creatina aumentaron mis niveles de Creatinina. La doctora me recomendó hacer reposo al menos una semana, saltarme la carrera y dejar la creatina. Ahí me di cuenta del efecto de la creatina, tuve que bajar como 10 kilos las mancuernas en el gimnasio.
Algo logré retomar el entrenamiento y vino el segundo desafío, visitar Chile. Siempre que visitaba Chile pasaba lo mismo. Llegaba con ganas de entrenar, pero entre juntas, pisco sours y levantadas tempraneras, no había energía. Esta vez sería diferente, porque tenía la carrera pronto (viajé en febrero, corrí en marzo).
Nope, no entrené nada.
Con toda la fe, gels de miel y un Camelbak me lancé a la carrera igual.
La carrera
Las primeras dos carreras no me pusieron tan nervioso. Había corrido 10k, había hecho +20 obstáculos. Sabía que me la podía. La Beast era terreno desconocido. Lo más que había corrido en mi vida habían sido 16k. Había 5 obstáculos nuevos, ¿me quemarían las piernas para el final? Ya iremos a eso.
El clima estaba perfecto para correr. Partí a las 8.30 con 15 grados, y terminé a mediodía con sol y 22 grados, el paraíso.
La primera mitad de la carrera estuvo muy tranquila. Obstáculos conocidos, gente buena onda, todo en orden. Latidos a 160bpm, un poco sobre lo que me gustaría, pero bien.
El primer momento clave: la jabalina. Leí por ahí que la jabalina del final está menos usada, y en mejores condiciones que el resto, así que caminé a ella. Había un compadre preparándose a lanzarla. Un pelado con la polera que te dan al terminar la Beast, así que no era su primera vez. Lanza la jabalina, apunta un poco a la derecha, falla. Me acerqué pensando que era mi turno, pero veo al amigo tirando la cuerda para recoger de nuevo la jabalina. La toma, la lanza, y se ensarta. Como si nada, sigue corriendo sin pagar los burpees. Pelao’ tramposo (edité el improperio que va entre esas dos palabras). Cada uno con lo suyo, pensé, y lancé mi jabalina. Muy arriba, burpees.
Con mi penitencia pagada, seguí, pero un poco más agotado. Había trotado todo hasta acá, y en adelante intercalé con algunas caminatas en las pocas subidas que habían. Nada que un pack de miel con sabor a frutilla no podía solucionar.
Seguí relativamente bien hasta un obstáculo nuevo: la Travesía Tirolesa.

Se ve choro, pero es durísimo. Duelen las manos y las piernas porque la cuerda es dura. Es un test de paciencia porque avanzas muy lento, la cuerda se mueve, y la campana a la que tienes que pegarle suena (haciendo parecer que está cerca). A duras penas lo logré, y apenas me bajé otro corredor me dice “you made it look easy” (lo hiciste ver fácil). Me reí, pensando en la diferencia de lo que se ve y lo que pasa por nuestras mentes.
Cuando empecé la tirolesa me di cuenta que mi amigo sin pelo estaba también empezándola. En menos de 2 segundos se soltó, diciendo “it’s not worth it” (no vale la pena), y siguió corriendo.
Cuando recuperé el aire me puse a correr con mi nuevo amigo, de hecho lo adelanté. Pero un par de metros más adelante, pasó algo que nunca me había pasado. Me acalambré. El dedo gordo del pie. Fue una sensación muy rara, se me apretó todo el pie, sentía pulsaciones, y como se encorvaba sobre sí. Dejé de correr y traté de elongar el pie, pero al hacer eso se me acalambró la pantorrilla de la otra pierna. Oooooooh cagué. Me moví muy muy lento tratando de ir soltando todo lo apretado. Un par de minutos después pude volver a caminar, y luego trotar. Con mucho cuidado tratando de elongar el bendito dedo.
Corrí con las mismas zapatillas de mis otras dos carreras: unas zapatillas “barefoot” que compré en Amazon por 40 USD. No tienen ningún tipo de acolchado, cosa que extrañé en el kilómetro 14 de la carrera.
Seguí con un poco de miedo, pero trotando la mayoría del camino. Cada vez veía más personas caminando en vez de trotando. El sol también pegaba.
La siguiente sorpresa vino con un obstáculo conocido. En el sandbag carry hay que acarrear un saco de 27 kg por unos buenos 500m.

Nunca había tenido problemas con él, el truco es ir moviendo el saco desde un hombro-cuello-hombro. Me sentí bien con el saco, al punto que traté de adelantar una pareja que iba adelante mío. Grave error. Ese paso hacia el lado desató otro set de calambres de dedo. Esta vez en ambos pies. Estaba a mitad de camino, botar el saco significa partir de nuevo. En el horno, haciendo contorsiones tratando de abrir mis dedos de los pies, con un saco en el cuello. Pensé en botarlo, pero aguanté, respiré, paciencia. Logré salir adelante, y terminar el saco.
Justo al final del saco había otro obstáculo, el Atlas Carry (mover una piedra de 50 kg hasta una bandera y volver). Había que dejar el saco, volver unos 20 metros y hacer el Atlas Carry. ¿Adivinen a quien vi botar el saco y seguir corriendo como si nada, sin hacer el otro obstáculo?
En fin, ya quedaba poco. Dos grandes obstáculos. Uno, el punta y codo. Arrastrarse bajo alambres de púas. Por algún motivo esto nunca me ha costado, pero a estas alturas de la carrera, lo sentí eterno. Tener una mochila en la espalda no ayudó. Salí hecho papa, pero salí.
El último obstáculo difícil es uno icónico, la cuerda. Este fue el obstáculo que en mi primera Spartan Race me dijo “no estás en forma”. En la Sprint de Austin y la Super de San Antonio pude subir. En San Antonio apenas, porque estaba acalambrado.
Toda la caminata desde el punta y codo a la cuerda visualicé lo que tenía que hacer. Si uno tiene la técnica de los pies, subir la cuerda es relativamente fácil. Vi muchos videos de Youtube de esto, lo tenía papeado. La duda la ponía mi cansancio. Ya iban más de 20 kilómetros. Estaba completamente en lo desconocido.
Me tomé mi tiempo, elongué, tomé agua con electrolitos, respiré. Vamos.
Me paro frente a una cuerda que estaba relativamente sin usar. La tomo con las dos manos, salto para partir de más arriba.
Nope.
Calambre. Muslo derecho. Glúteo izquierdo. Pantorrilla izquierda. Todo al mismo tiempo. Ooh que me dolió.
Me bajé y elongué como pude, pero eran tantos músculos apretados que acepté el dolor no más. Pensé en subir con puro brazo, pero me comí el orgullo y fui a hacer el loop de penalización. Cojeando, calambre de dedo gordo del pie incluido.
Así llegué a la meta, apenas, pero feliz de haber llegado. Para mi sorpresa, me fue bien.
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Percentil 13, algunas cosas están destinadas a ser. Otras cosas, no tanto. Una de las gracias de hacer las tres carreras es que cada medalla tiene un pedazo de una medalla común. Así, si corres las 3, armas tu medalla de “Trifecta”. Bueno, por algún motivo la organización decidió por primera vez cambiar el formato de las medallas.

Obligado a correr otra Sprint y Super el 2026. Por lo menos ya descubrí que me la puedo.
Comentarios finales
Volviendo a la cita inicial, este objetivo me transformó. No tenía idea cómo me iba a comportar corriendo 21 kilómetros, aguantando calambres o viendo a tramposos. Aprendí mucho de mi en el proceso, crecí, y sobre todo, disfruté. Tengo un baúl de recuerdos asociados a este Misogi.
Otra parte importante fueron ustedes. Desde que mencioné el Misogi en un capítulo a principios de 2025, me sentí obligado a hacerlo. No les podía fallar. En el pasado me seteaba objetivos, pero cuando la cosa se ponía difícil los abandonaba. Creo que es lo más común. Fallamos cuando se nos acaba la motivación.
En este caso, decirlo en público fue el empujón que necesitaba. De hecho, con nuestros alumnos de Manada 10% hicimos lo mismo. Tuvieron que decir al resto cuál sería su desafío del mes. Mi idea es que sientan ese mismo bichito cuando piensen en fallar. Accountability, en inglés.
Si leíste hasta acá, espero haberte motivado. Todavía estamos empezando el año. ¿Qué Misogi vas a hacer?
Respóndeme el correo para hacer el compromiso público. Te va a cambiar la vida.
Yo voy a escribir un libro.
Un abrazo,





