Dejé de hacer 💩 y no leí más

Por atreverme a hacer algo fome, la suerte me premió y me está ayudando a diseñar mejor mi vida

Hace unos 7-8 años fue la primera vez que me atreví a participar de un club de lectura y, para suerte mía, leímos uno de esos libros que te marcan para toda la vida.

En mi vida adulta he tomado tres decisiones que me llevaron a hacer cosas que mis amigos me dijeron: “¡pero hu$vo#, qué estás haciendo!”.

La primera fue meterme a ser ayudante de un ramo de primer año de universidad que se llamaba “Liderazgo estratégico”. La ayudantía se enmarcaba en un curso de honor que recibía el maravilloso nombre de “Visionarios”. Los “visioñoños” nos decía el resto.

La segunda fue el club de lectura de DVA. Más pega con los de la pega. Una locura con consecuencias positivas.

Y la tercera, pololear con una compañera de la pega que se terminó convirtiendo en mi señora.

En todas, tuve que salir de la zona de confort y, por si no fuera poco, bajarle el ruido a las críticas y burlas.

Todas me ayudaron a ser un mejor ser humano.

El club de lectura

Viví mis 20 y tantos con mucha intensidad, pero en ese momento no leía absolutamente nada.

Yo sabía que estaba mal, pero hacer los cambios necesarios implicaba un esfuerzo demasiado grande. Además, leer no era parte de mi identidad ni de mi personalidad.

Debo admitir que esas páginas no cambiaron mi vida de 0 a 100 de manera acelerada, pero sí pusieron la semilla fundamental para ser más consciente de:

  1. La ventaja que te da leer frente a los que no lo hacen.

  2. La relevancia que tiene la señalización y la arquitectura de elección.  

¿A qué me refiero con “señalización” y “arquitectura de elección”?

Partamos por Arquitectura de elección:

Y los maestros en esto son Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein. El primero ganó el Premio Nobel de Economía en 2017. Parece que algo sabe el hombre.

Juntos escribieron el libro Nudge o, en español, “empujoncitos”. En este sostienen que los humanos no tomamos decisiones de forma totalmente racional.

Nuestro entorno influye muchísimo más de lo que creemos en lo que terminamos haciendo y, si diseñamos bien ese entorno, podemos “empujarnos” a mejores decisiones sin perder libertad.

A esos empujones suaves Thaler y Sunstein los llaman “nudges”.

Volvamos a la 💩

Quiero ocupar menos mi celular, pero me cuesta un montón.

Cada vez que me siento en el baño, algo en mi organismo se activa que me mete instantáneamente a Instagram.

Por eso, decidí luchar contra Mark y su pandilla dándome un pequeño “empujón”.

Una imagen vale más que mil palabras.

Ahora, cada vez que llego al trono, mi entorno me ayuda a luchar.

El martes de la semana pasada nació me hijo, me fui a vivir a la clínica por unos días y no me llevé el libro. Adivinen qué pasó…

Aplicaciones menos asquerosas

En algún momento de mi vida pensé que hacía lo que yo realmente quería.

Hoy creo que lo que hacemos está tremendamente influenciado por los millones de millones que se gastan en marketing las empresas más grandes del mundo para hacernos comer mal, pasar horas frente a pantallas y comprar cosas que no necesitamos.

Por eso, diseñar lo que podamos de nuestro entorno es esencial para la batalla diaria que algunos estamos eligiendo dar.

Cada vez que seleccionamos algo, hay un diseño detrás. Qué opción aparece primero, cuál viene marcada por defecto, qué es más fácil o más difícil de hacer, qué es más visible, etc.

“No existe decisión neutral. Siempre estás influenciado, aunque no quieras.”
Thaler y Sunstain

Veamos un par de ejemplos:

  1. Baños en Holanda

    En el país de los tulipanes decidieron colocar la imagen de una mosca grabada en los urinarios del baño masculino para que los hombres le achuntaran más y ensuciaran menos. El experimento llevó a que los hombres le apuntaran más, reduciendo goteos y limpiezas adicionales.

    Un ejemplo clásico de un nudge que no restringe opciones, pero sí cambia el comportamiento de manera predecible.

  2. Colegios en USA

    Generalmente los casinos de los colegios están llenos de pizzas y hamburguesas. Sin embargo, colocar frutas y opciones saludables “a la altura de los ojos” para que sean elegidas más a menudo, cambió fuertemente las elecciones de los estudiantes. La comida chatarra seguía ahí, pero menos visible.


    Una alteración del entorno con consecuencias gigantescas para la alimentación y la salud.

  3. Tu banco


    Thaler y Sunstein discuten cómo las personas a menudo piden prestado hasta el límite de sus tarjetas porque la estructura de elección (tarjetas con límites altos y sin incentivos claros) hace que aumente el endeudamiento.


    Vienes por la acumulación de puntos, pero te vas endeudado por creerte Superman.

Ejemplos hay por montones, pero el punto es claro. Necesitamos ser más conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor y de lo que hacemos para que podamos hacer ciertas señalizaciones en nuestra vida que nos ayuden a no caer contra esas fuerzas del mal que solo nos quieren manipular.