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La maldición de acostumbrarse a todo
En realidad es una salvación

Volví a ir a la oficina después de un par de semanas de postnatal y me ayudó a recordar que la presencialidad tiene elementos que no se pueden reemplazar.
Soluciones colaborativas inmediatas, resolución de dudas a la pasada y afiate de equipo mirándose a los ojos que ninguna plataforma online puede igualar (al menos hasta ahora).
El fenómeno se me hizo más patente todavía gracias a que Pablo estuvo sentado a mi espalda durante varios días y aparecieron conversas que no teníamos hace años.
Para que no se enojen los amantes del home office, trabajar desde la casa también tiene sus ventajas. Sin embargo, creo que son mucho más personales que laborales.
Si me la tengo que jugar, creo que la pandemia genero cierta expropiación de los trabajadores a los empleadores que debemos agradecer e intentar compensar con lealtad y compromiso por la pega bien hecha.
En algún momento de mi vida, después de la pandemia, pensé que no había nada mejor que trabajar 100% remoto. Hoy, me doy cuenta que me había acostumbrado a esa realidad temporal que el tiempo volvió a cambiar.
Conversaciones presenciales
Mientras preparábamos y grabábamos los capítulos que hicimos sobre “El Arte de Gastar Dinero” de Morgan Housel, a propósito, dejaba bien a la vista sobre mi escritorio el libro físico. Quería ver si pasaba algo.
Alguna buena conversa generó, pero lo más interesante fue que Fernandito - el Portafolio Manager del Silicon Fund - me pidió que se lo prestara.
Al cabo de un par de días disparó:
“Eso del suficiente me hace ruido. De alguna manera podría
llevarte a ser un conformista y pecar de falta de ambición.”
100% real, pero creo que el “conformismo” y definición del “suficiente” tiene mucho más que ver con saber poner un límite que con conformarse con poco y lo que realmente busca es frenar el ciclo hedónico que nos podría llevar a la infelicidad por siempre obligarnos a querer más.
El ciclo hedónico
Varios de ustedes ya lo conocen y lo combaten pero le dejo una explicación breve a los que se han sumado a la comunidad lectora durante las últimas semanas.
Básicamente nuestro cerebro desea cosas y hace que nos esforcemos por conseguirlas. Una vez que las obtenemos, las disfrutamos, pero lentamente nos adaptamos a este nuevo estado y empiezan los problemas. Nuevamente volvemos a querer más.
Fernando Gómez lo resumen así en su charla de la Tranquilidad Financiera (va un regalo).

¿Y qué tiene que ver esto con la felicidad?
Te dejo una fórmula hermosa y un ejemplo que le tomé prestado a David Fischmann de su libro “La alta rentabilidad de la Felicidad”

Volvamos atrás
Tenía que pasar por el ciclo hedónico para llegar a las “pifias no pifias” de nuestra cabeza.
Hasta hace poco tenía el sesgo a pensar que nuestro cerebro era maravilloso pero que nos engañaba con cosas como el ciclo hedónico. Sin embargo, el profesor Fischmann me hizo ver más allá.
El ciclo hedónico es una esquirla del funcionamiento maravilloso que tiene nuestro cerebro para ayudarnos a sobrevivir y a dejar los malos momentos atrás. Si no funcionara así, sería mucho más probable ser infelices por el hecho de quedarnos pegados en enfermedades, traumas y en cualquier evento negativo que se presente en nuestra vida.
En un estudio sobre adaptación citado por Fischman nos cuenta sobre dos grupos de personas. Uno completamente sano y otro por enfermos de riñón que tenían que someterse a diálisis semanales.
A cada persona se le entregó un dispositivo para que cuando sonara la alarma, programada cada 90 minutos, pudiesen registrar su estado de ánimo. Con esto se lograría obtener un promedio semanal del nivel de emociones positivas de cada grupo.
La respuesta esperada era obvia, pero la realidad fue que no había diferencias en el nivel de emociones positivas entre ambos grupos. Los pacientes de diálisis se habían adaptado a sus circunstancias.
Esto me lleva a pensar que la adaptación no tiene que ver con siempre querer más. Si no que con el funcionamiento natural del ser humano de adaptarse rápidamente para seguir resolviendo la vida, que en realidad nos da la oportunidad de no quedarnos pegados en las desdichas que nos ocurran.
Hay más ejemplos como este en el libro, pero no se los voy a contar. Creo que tendremos que hacer un capítulo para profundizar.